El abuelo no solo le ofreció (ropa), si no que también seleccionó palabras en forma de cifrado, y se las dijo entre oraciones, lo curioso es que cuando recuerda esas palabras, el aire de su entorno cambia, se oscurece, como si se preocupara, como si el entorno reaccionara a los efectos químicos que produce su cerebro al recordar esas palabras. Él ya conocía el tipo de cifrado, de esta forma no se confundiría en el mensaje que el abuelo quizo entregarle. ya que un cifrado diferente da paso a un mensaje totalmente diferente. Estos mensajes comenzaron con el abuelo, y no se detendrán, pero él ya se preparó, vive solo para entender su verdad, y un instinto muy profundo le dice que en esos mensajes está la respuesta. lo que le llama la atención, es que cuando su cerebro trabaja químicamente para recordar las palabras del abuelo, su entorno se oscurece, como si cobrara vida y quisiera detenerlo, algo que sería imposible ya que tiene el absoluto control de sus acciones, y si hay algo que odia, es que intenten frenar sus decisiones.
Vuelve la sospecha de que alguien lo observa desde adentro, casi apoderándose de sus sentidos sin que él lo sepa, es curioso pero alcanza a percibir en sus ojos las huellas de que alguien estuvo en él, se materializa como una sombra, una estela de realidad retrasada, imagen y razón a destiempo dentro de él. Si bien el es dueño de sus acciones, esas situaciones le molestan, ya que no son creadas por él. Cierra sus ojos, busca, encuentra, corrige y listo, problema resuelto, así de eficaz. La niña se percata de lo que hizo y le pregunta;
— Me habían hablado de ti, cuidado que la fuente de tu confianza puede ser la fuente de tu fracaso.—
Otro recuerdo lo abraza, es culpa, la imagen de una niña huyendo de él hace que suelte una lágrima, el pecho se le aprieta. Las palabras de la niña se repitieron en su mente, es curioso pero lo hacen dudar un instante, como si ella hubiera visto otra versión de su destino,
—Eso no va a ocurrir.- se dice en su interior.
Palabras cruzan por su mente, siente que con cada paso, con cada movimiento de su cuerpo, su odio a sí mismo crece y crece, no se mueve a voluntad. La muerte anticipada no es una opción, no cometerá ese error, sería olvidar su propósito y rendirse. Odia las voces sin rostro, las voces sin un sentido, sin un contexto para que él pueda entender, no le ayudan. A veces siente como llegan los susurros, en ambos lados de sus oídos y al mismo tiempo, como queriendo confundir, pero él no se confunde, al parecer no puede evitar que lleguen, ni cortando sus oídos alcanzaría el silencio. Hasta el bostezo de un gato trae un mensaje para él. Los escenarios comienzan a llegar, quizás ya saben que él apareció en ese lugar, alguien moviendo las cartas quizás, se pregunta qué puede perder, obviamente nada, no tiene nada material, decide seguir el juego. Es un bosque, árboles grandes, risas por todos lados. todos los observan, alguien dice;
.- Ahora serás el hombre.
Nuevamente no ve ningún rostro, además él no obedece ordenes y no necesita que le digan qué es lo que debe ser. Su corazón oscuro late intensamente, y le dice que su odio hacia los que se atrevieron a decir cosas sin sentido sobre él, será descargado en algún momento. Comienza a repetir las frases que le dan sentido a su mente, al parecer el juego es ese, nunca nadie le dijo las reglas, solo tiene su convicción, su odio y su destino, siguen intentando desviarlo del viaje, por un instante vio los universos cruzar frente a sus ojos. Recuerdos fabricados, le siguen llegando, alguien modifica las palabras, pero él no olvida sus momentos con él, la imagen de una madre lo tranquiliza y le da coherencia a su alma, palabras comienzan a llegar, palabras e imágenes, que no le hacen nada, se mantiene firme con sus convicciones, a ratos recuerda, su pasado, hay una mujer muy cercana a él, es curioso pero de pronto se acuerda de sus pulmones, del aire que respira, sabe que tiene los ojos abiertos, pero al mismo tiempo los siente cerrados. Escucha tres sonidos al mismo tiempo, es el tercer oído mental. El juego sigue, le dicen lo que no existe, al parecer hay que encontrar a alguien, se aburre, mejor vuelve a su realidad, la búsqueda de su otro extremo.
De pronto una imagen, piensa, que en el lugar donde hay una gata, hay un ser observándolo, tiene sentido para él, pero no puede verlo bien, es nebuloso, borroso, no se ve claro lo que es, se repite una imagen, la del viento con fracciones de otras realidades. Se da cuenta de que sus dientes se aprietan, no va a iniciar una conversación con sus dientes en este momento. No quiere pensar que ese ser que ocupa el lugar de un gato, podría ser agresivo o podría insultarlo. Intentan confundirlo de nuevo, con falsos sentimientos, pero él ya los tiene todos. Recuerda la imagen de un niño, curiosamente ya había tenido ese recuerdo antes, él se prometió nunca repetir un recuerdo, hay algo que interfiere en él, algo externo a él, lo busca y lo arregla, no quiere que nada lo moleste, que nada interrumpa su viaje. Recuerda el sentimiento de ese niño, es de asombro, por la reacción de una mujer que pasó frente a él, la mujer lo miró con desprecio, tampoco era que buscara aceptación, pero le pareció extraña la situación, lo insulta sin hablar, ese día el niño comprendió el poder del no habla, después del episodio el niño encuentra calma.