Educar en remoto

—¿Para qué usas la tecnología estos días de confinamiento?

—Para estar en contacto con mis seres queridos.

—Yo también. —respondí. —A las personas mayores les parece magia que podamos vernos a través del móvil.

—Pero sobretodo uso la tecnología para trabajar. —me respondió. —Soy profesor y sino no podría dar clase a mis alumnos.

Teletrabajo. Esta situación de encierro ha abierto una posibilidad de trabajar que ya estaba presente en nuestra sociedad pero que muchas empresas eran reticentes a implantar. No ha hecho que las empresas vean que podemos trabajar en remoto, desde nuestras casas, sino que nosotros veamos que los trabajos tienen que cambiar. Todos nos hemos tenido que habituar forzosamente a esta situación de reclusión obligatoria en casa, pero puede, y debería ser, en mi opinión, el primer paso para que normalicemos el teletrabajo en nuestra sociedad.

Que en un futuro podamos realmente adaptar nuestros trabajos a nuestra vida cotidiana pudiendo elegir quedarnos en casa, si así nos conviene, y no adaptar nuestra vida a nuestros trabajos.

Esto ha supuesto un gran cambio en varios sectores, pero sobretodo en el de la educación. El profesor de colegio, por ejemplo, hace unos días daba la clase en su aula a la vez que controlaba que sus alumnos estuvieran atentos. Hoy la atención de los alumnos es mucho más difícil de captar al dar la clase a través de videoconferencia. La clase se imparte a la vez que se graba para dar la posibilidad de visualizarla a aquellos alumnos que no han podido asistir por causas de fuerza mayor. Esto último puede suponer un gran cambio a partir de ahora. En un futuro, ¿han de grabarse las clases para que el alumno que está enfermo, por ejemplo, no pierda el hilo en la materia? Pero entonces, si ya tengo un video con la explicación, ¿por qué no buscar el vídeo del profesor que mejor lo explique? Quiero decir, si un profesor de matemáticas de un colegio explica muy bien, ¿por qué no usar ese video para enseñar matemáticas a todos los alumnos independientemente de si pertenecen a ese colegio o no?

En mi opinión esto es el futuro, esto es a lo que se va a tender. Por ello algunos podrían pensar que la figura del profesor va a desaparecer. Pero no, el profesor no va a desaparecer porque no solo imparte una asignatura en el aula, sino que guía y enseña a que el alumno asimile los conceptos y es un complemento necesario a la educación de los padres. Necesitamos recuperar al maestro.

Otro ejemplo que se me ocurre para explicar lo anterior es el deporte, el ejercicio que ahora estamos obligados a hacer dentro de nuestras casas. Gracias a internet contamos con infinidad de documentos, imágenes y vídeos donde podemos encontrar información sobre diferentes ejercicios y cómo hacerlos. Entonces, ¿esto va a hacer que desaparezcan los profesores de deporte o los entrenadores personales? No, tampoco van a desaparecer porque se necesita, al igual que con los maestros de escuela, alguien que dirija, alguien que enseñe a hacer los ejercicios.

Y me puedes decir, «si eso ya lo aprendo viendo el vídeo varias veces». Pero no es lo mismo, la técina no la vas a aprender viendo un vídeo mil veces, es más fácil que un profesor, al menos la primera vez, te enseñe la técnica para hacer el ejercicio. Y, no estaría de más, que te evalue pasado un tiempo porque te ayudaría a comprobar si has adquirido la técnica adecuada.

Igualmente con la respiración, no todo es hacer flexiones, abdominales o dominadas. Hay que saber respirar mientras hacemos los ejercicios y un maestro en la materia es necesario para aprender a hacerlos de manera correcta.

Por último hay un sector que, creo, también va a cambiar en un futuro y ese es el de las consultas médicas. Nadie duda de que los médicos son necesarios, siempre van a serlo, pero debería cambiar la manera en la que acudimos a ellos. Debido al coronavirus la gente ha dejado de ir a los centros de salud y a los hospitales por miedo a contagiarse, pero no han dejado de contraer otras enfermedades o sufrir lesiones. La solución podría ser la misma que han tomado los educadores para dar clase a sus alumnos y los abuelos para hablar con sus nietos, las videoconferencias. ¿Por qué si una mañana me levanto con fiebre, con un catarro, o con una enfermedad leve tengo que pedir cita al médico de cabecera para el día siguiente? ¿No sería mejor videollamarle esa misma mañana y que el médico decidiera si necesita verme en persona o no?

Volvemos a lo mismo, necesitamos un maestro, un experto que nos de directrices sobre cómo actuar ante una enfermedad. Los médicos no van a ser sustituidos por las nuevas tecnologías.

Dejarse enseñar, dejarse dirigir, dejarse aconsejar, no es una pérdida de libertad o de elección, es un acto de humildad en el que aceptamos nuestras limitaciones y aceptamos la ayuda de alguien que nos puede hace crecer, en definitiva, un maestro.