Ser, estar, parecer

Dicen algunos gramáticos que estos tres verbos parias han pasado la operación bikini y se han quedado en las últimas, casi vacíos, que no significan nada. Probemos a ver cómo lucen palmito en algunos ejemplos:

-Parezco bueno.

-Soy bueno.

-Estoy bueno.

Desde luego, no es lo mismo. Parece que algo de tejido semántico sí que queda todavía agarradito al hueso.

Misterios de la gramática.

Si rompemos, por ejemplo, el "estoy", la cosa tampoco se aclara.

En las personas antes llamadas mujeres, el ”estar buena” consistía en una más o menos proporcionada acumulación de tejido adiposo en determinadas partes del cuerpo.

En los otrora hombres, ”estar bueno” pasaba por la operación burkini de forrarse hasta las pestañas de tejido muscular, en paquetes regularmente marcados y acomodados.

No termino de decidir qué suena mejor:

-Me pone muchísimo tu tejido adiposo.

-Me pone muchísimo tu tejido muscular.

Misterios de la estética.

Qué divertido sería ver en la playa a un verbo masajeándose sensualmente con bronceador su abdomen de tableta de chocolate; o al famoso o famosa de turno asegurando a todo riesgo por una pastizal, como indispensable herramienta de trabajo, sus nalgas semánticas, donde la espalda, en este caso, no pierde, sino que gana todo el significado.

Definitivamente, no es nada fácil la localización e identificación de tejidos. Por momentos, los ves o no los ves. Como en la realidad aumentada.

Si algún día me encuentro una perla del tamaño de una sandía, nunca voy a saber distinguir el grano de arena de los cinco kilos de tejido del envoltorio.