Quiero pensar que la filosofía va siempre a zaga de la vida.
Supongo que primero viene la experiencia y luego la reflexión.
Imagino que en algún momento de nuestra historia sentimos por primera vez la llamada "angustia existencial", que después poco a poco nos fuimos comiendo el tarro, le pusimos la etiqueta y abrimos la factoría del existencialismo.
Por una vez quisiera invertir los términos.
Lo que planteo es empezar por la corriente filosófica y después ya veremos si nos vamos trabajando la posibilidad de encontrar la experiencia.
Propongo darle la vuelta como a un calcetín.
Cambiar la echazón, ese supuesto "ser ahí" que se supone que somos, arrojado en medio de la nada; propongo sustituir la echazón, digo, por la eyección, por la enérgica proyección de ese presunto serahimismo absurdo hacia fuera de la nada, que al fin y al cabo no viene a ser más que una palabra vacía inventada por nosotros, tan palabra y tan vacía como el todo.
Onán derramó su semilla en la tierra y pagó con su vida el desacato al mandato divino.
Pues bien. Propongo que nos eyaculemos a nosotros mismos, que nos corramos desvergonzadamente en una riada de lefa metafísica, preñada de sentido, de significado; que nos vaciemos cada segundo hasta la última gota de todo aquello que nos constituye en semilla vital.
¿Miedo a morir? La condena a muerte no nos es desconocida.
Por tanto, con toda humildad, y para uso estrictamente personal, en este momento me dispongo a fundar solemnemente una nueva escuela filosófica: el omsilaicnetsixe.
Y desde hoy prometo poner manos a la obra para experimentar hasta donde me sea posible el "gusto existencial", faro (y falo) orientador de mi periplo filosófico.
Si te apetece, agradecería tu ayuda. De sobra es sabido que en compañía los trabajos manuales son mucho más divertidos.