La idea es publicar una edición de los Diálogos de Platón respetando exclusivamente las palabras del maestro Sócrates y expurgando, por tanto, las intervenciones del resto de personajes.
Esta nueva edición solo traería ventajas.
Me imagino que a Sócrates, ágrafo a machamartillo, el tijeretazo al texto original de la nueva versión le complacería algo más que el cutre sucedáneo de oralidad que se sacó de la manga (si bien no las gastaba) su omoplático discípulo.
Seamos claros. A fin de cuentas, sus interlocutores siempre terminaban dándole la razón al maestro. Eso que nos ahorramos.
Aparte de que siempre quedaría la posibilidad de que cada lector improvisara las réplicas a su libre albedrío. Nuestra edición sería, de facto, un libro-taller de mayéutica.
La mujer y el hombre modernos, cuyas innumerables ocupaciones dejan poco espacio para la lectura, agradecerán de buen grado este notable aligeramiento de la obra original.
Si es que se dan cuenta del cambio, claro.