Los últimos avances de la investigación filológica han determinado que el verdadero no-autor del Quijote de Avellaneda es... Cervantes.
La culpa la tuvo don Miguel por haber hecho espóiler al final del Quijote I de la segunda parte de su obra magna. De hecho, algunos especialistas argumentan que, en puro rigor científico, sería más apropiado afirmar que Cervantes, al avanzar ciertos contenidos de la tercera salida del hidalgo manchego, se convirtió de facto en el autor del no-Quijote II con antelación a la no-autoría del Quijote de Avellaneda. Es indiscutible la influencia de este último en la redacción definitiva de la considerada segunda parte legítima de la obra.
La secuencia completa quedaría, pues, del siguiente modo:
Quijote I - no-Quijote II - Quijote de Avellaneda - Quijote II
Por tanto, el estudio del no-Quijote II y la no-autoría del Quijote de Avellaneda, hasta ahora ignorados, arrojarán nueva luz en las próximas décadas sobre aspectos fundamentales de la gran obra maestra de la literatura universal.