Esteroides y otras pastillitas

Umbral es a Larra lo que Góngora a Garcilaso.

Góngora vendría a ser un Garcilaso con el volumen subido a todo trapo. Umbral lo mismo, es un Larra metalero y rocoquizado: un Fígaro con esteroides.

Estirando el chicle, se me ocurre ahora que Larra es a la literatura moderna lo que Garcilaso a nuestra literatura clásica. El artículo larriano es el soneto de los tiempos modernos. La lengua de nuestros maestros del Siglo de Oro en un formato ágil y fácilmente empaquetable para diligencias, storieso cubiletes de Glovo. La angustia moderna, hiperlúpica y existencial troquelada en cómodos comprimidos masticables sin receta.

Es lo que la profesora Susan Kirkpatrick denominó "desintegración de la coherencia": "una modalidad basada en la asociación y el contraste, más que en la racionalidad; en la vinculación de lo heterogéneo, más que en el análisis sistemático de los aspectos relacionados de un tema. En sus artículos, las transiciones entre puntos o secciones tienden a basarse en asociaciones implícitas o a marcar disyunciones sorprendentes".

En las mismas páginas del periódico que tenían entre las manos, empotrados junto al suyo, sus lectores encontrarían artículos de política, economía, partes de guerra, poesías, anuncios de calzado, de estrenos teatrales... Larra logra ahormar ese demencial caos hipervinculado del mundo y de sí mismo en el prosaico microcosmos del artículo. Así como el periódico es un espejo fragmentario y fragmentado del mundo, cada artículo de Fígaro es, en mayor o menor medida, un periódico en miniatura. Le sale así casi por inercia. Recordemos que estamos hablando de un tipo que, desde muy joven, ha estado redactando íntegramente y autopublicando periódicos unipersonales.

Nada de lo humano le es ajeno. Ve la realidad como un todo, aquí y ahora, en el que todas las partes, residuales o nucleicas, están irremediablemente interconectadas, así que se siente legitimado a desplazarse o saltar acrobáticamente entre ellas a su antojo, vomitándose de paso a sí mismo en cada cabriola.

A los espectadores de Vídeos de primera nunca se nos pasó por la cabeza que alguien pudiera ganarse la vida y mucho menos hacerse multimillonario con grabaciones de vídeos domésticos. Nos faltaba contexto para entenderlo.

Hoy, tras haber adelantado hace años al DeLorean de Marty McFly, quién sabe si, primitivos de una nueva era, ya tenemos contexto suficiente para escribir y, sobre todo, leer literatura tal como empezaba a cristalizar en los artículos de Larra: un curioso rompecabezas en el que las piezas siempre encajan, porque no es un puzle, sino un juego de construcción, no un fin, sino un principio.