El timo de la estampita

Virgilio no es solo un fingidor. Es un timador, en el mejor (o peor) de los casos, consciente.

En su condición de tramposo profesional, con su arte cree controlar meticulosamente el verdadero contenido del supuesto sobre de billetes.

En su farsesco papel de chatgpt a la española, su sonrisa bobalicona de antihéroe es la mejor propaganda y reclamo para todos aquellos que no dudarían en forjarse un imperio a costa de cualquier principio.

Y aquí reside la grandeza y la miseria del timo.

La asignación de veracidad, de coherencia, de valor, la sublimación de su epopeya de estampitas en ningún caso va a depender del propio Virgilio, sino de quien tenga a bien, cuando le apetezca, comprobar el contenido del sobre.

Convéncete, Virgilio. Lo que realmente hay en el sobre lo decide, lo pone el paleto.