Cuántas veces hemos leído un libro, hemos visto una película, una serie... y nos quedamos con la sensación de que la idea inicial, el motivo que sirve de base, es muy original, genial incluso, pero el acabado final no termina de estar bien resuelto.
El autor o autora tuvo esa ocurrencia, esa intuición, ese chispazo creativo, pero claro, después hay que desarrollarlo, escanciarlo en carne y piel, fundirlo, forjarlo, engastarlo en un todo orgánico que más o menos encaje en alguno de los moldes artísticos conocidos.
No siempre se está a la altura.
Aquel ilusionante destello inicial queda entonces sepultado bajo un basural de mediocridad y olvido.
¿Por qué no quedarnos simplemente con esas ideas primigenias? Recolectarlas y pastorearlas. Reunirlas en libros que sean el semillero de futuras obras, al alcance de cualquiera con las ganas y el talento que las hagan germinar.