Más que un movimiento de vanguardia, siempre me ha parecido que el Creacionismo fue el diagnóstico tardío de una enfermedad incurable que padecen todos los artistas.
Me gusta pensar que, al igual que el mar, las nubes o el sol, las obras siempre están ahí, aunque casi nunca nos demos cuenta ni les prestemos atención, por si acaso alguna vez reparamos en su presencia.