ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ7:42 PM

—No me gusta estar contigo sabiendo que estuviste con otros —me dice, mirando al techo. Estábamos desnudos, disfrutando los segundos después de haber tenido sexo. Sin mirarnos, podía intuir que su rostro estaba serio, amargado por aquel pensamiento que le vino luego de venirse en mí. Resoplé. Girándome para tomar mi teléfono al costado de la cama, vi que tenía un mensaje, era un número desconocido y, aunque reconocí la numeración, no quise leerlo aún. Tal vez era una cosa muy personal pero mientras estaba con él, siempre preferí hacer a un lado las cosas de trabajo, a fin de cuentas éramos como una pareja...éramos como una pareja.

—A veces me da la sensación de que olvidas lo que hacemos —dije, en plural, me arrepentí luego; él no cumplía con su parte del trato, me engañaba a mí misma pensando que alguna vez lo haría. Yo era con él lo que él no era conmigo: una fuente de apoyo, de ayuda, un lugar a dónde y con quién correr. Yo, entre tanto, le era fiel y él sólo se era fiel a sí mismo.

—En realidad, olvidé por qué lo haces —me levanté sorprendida, no dije una sola palabra; me vestí apenas y salí de la habitación. Salí de aquel único lugar que nos unía, de nuestro “lecho matrimonial” y no me siguió. Lo acepté, finalmente y sin ánimo de luchar a contracorriente, no podía invertir más en la fantasía de rescatarme de un lugar en el que él mismo estaba y, menos aún, él mismo me había introducido.

ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ8:39 PM

—Ya estás aquí, poco te falta para adentrarte de lleno a este mundo y saber el precio que hay que pagar, además de dinero, para quedarte —me dijo, sonriendo mientras se ahogaba en su ironía. Perpleja, me quedé sentada en la orilla de la cama, semidesnuda y sin idea alguna de lo que estaba hablando, sólo lo veía pasearse por la habitación como buscando algo en su mente, tratando de armar un acto en una sola noche.
—No entiendo qué estás diciéndome ahora —dije, fingiéndome ignorante de la situación; por supuesto entendía pero no podía dar por hecho que lo que intentaba decirme era que se desharía de mí.
—Estoy diciendo que, en realidad, no quiero quitarte el mérito aunque admito que esperaba más de ti y que sentía, o más bien —dio una bocanada de aire, me tomó la cabeza entre sus manos—, esperaba ser yo quien te salvara. ¿Qué me dabas tú a cambio? —me preguntó.
—Yo no fui nunca capaz de pedirte nada...—inquirí, me sentí arder, la furia se apoderó de mí e hice que me soltara, me alejé, poniéndome en la puerta de la habitación que compartíamos de vez en cuando.
—Te di lo que se da cuando se ama —me dijo entre lágrimas—, pero ahora alguien más viene a ti; viene con la intención de llevarte, de...de hacer...
—De hacer lo que tú no hiciste —le dije, apartándome de la puerta y abriéndola para que saliera—; ya no hay que darle tiempo a la vida para seguir haciéndonos miserables.

Así, como salió de la habitación en aquel momento, tragándose el dolor y la rabia, salió de mi vida. No lo volví a ver jamás, si frecuentaba los lugares en los que yo estaba, se encargó muy meticulosamente de que yo no me diera cuenta e hice lo mismo, me hice a la idea de que era lo mejor. Él quiso irse y yo, yo no le pedí que se quedara, a fin de cuentas era lo mejor para ambos.

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