SÓCRATES

Nacido en el 470 a.C. en la ciudad griega de Atenas durante la época de oro de la mano del gobernador Pericles que se mantuvo en el poder más de tres décadas. Recibe ese nombre por las mejoras de la ciudad a nivel arquitectónico y la mayor participación de los ciudadanos en las asambleas públicas y presentaciones teatrales. En definitiva, esta época de apogeo no sólo tuvo repercusiones en las obras públicas y la ciencia, sino también en la calidad de vida de los atenienses. Prueba de esto fue la reconstrucción de la acrópolis (donde se encuentra el Partenón) y la creación de los Largos Muros entre Atenas y El Pireo a modo de defensa, ambas construcciones aun dejan rastros en el presente.

En el período socrático toma el eje central la reflexión acerca del hombre y su rol en la ciudad junto con los problemas éticos, sociales y culturales. Es ese enfoque el que lo diferencia del período presocrático, que gira en torno a la naturaleza.

Sócrates, a diferencia de muchos otros filósofos a lo largo de la historia, no escribió ninguna obra. Era un gran «maestro oral» como diría Borges en 𝘌𝘭 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 (1978) que recorría las calles y las plazas y entablaba conversación con los jóvenes acerca de la vida política en Atenas.

Ante una participación política en ascenso, la educación debió reformarse. Aquí se comienza a hablar de los sofistas, es decir, sabios que hacían sabios a otros. Esta postura difiere con la del filósofo, que no alcanza nunca la sabiduría porque es propia de la naturaleza divina. Sócrates no compartía ideales con los sofistas, que obtenían grandes cantidades de dinero por sus enseñanzas y criticaron a las instituciones aristocráticas, las costumbres y la religión. Estos últimos hacían uso de la retórica para lograr persuasión y la dialéctica para buscar la verdad. Sócrates, por su parte, tenía su propio método de enseñanza, la Mayéutica, que no permitía que el maestro de las respuestas, sino que obligaba a los discípulos a cuestionar y encontrar las respuestas por cuenta propia. En este método, se pueden destacar varias partes. La primera consiste en hacerle hábiles preguntas al interlocutor y obtener una respuesta que va a ser rebatida y contradecida, aquí se utiliza la ironía para revelar ese falso conocimiento. Posteriormente, llega el momento de la refutación, en la que el otro descubre que no sabe lo que creía saber. Es por ello que Sócrates es conocido por su célebre frase “solo sé que no sé nada”, él era un gran defensor de la idea de que aceptar que somos ignorantes por definición en ciertas áreas que creemos conocer, es un primer paso hacia la sabiduría. Luego se intenta llegar a una conclusión, a un concepto universal y preciso que sea a prueba de preguntas que lleven a contradicciones. Cabe destacar que no siempre se logra este último paso.

Sócrates criticaba a los demócratas, alegando que eran ineptos y demagogos y a los aristócratas, defensores de intereses propios que los lleva a la corrupción.

Respetaba las leyes y las costumbres de la sociedad ateniense y fue ese respeto el que lo llevó a aceptar su condena de muerte, que era opcional porque el jurado conformado por quinientos un integrantes -dentro de los cuales había discípulos suyos- decidió darle la opción de ser desterrado. La causa de su castigo fue la negacióon de los dioses del Estado y la corrupción de la juventud. A pesar de numerosos intentos de sus estudiantes para que eligiera la opción que lo obligaba a abandonar su ciudad natal y de sobornos a uno de los guardiacárcel para que dejara la puerta abierta de la celda y permitirle su escape, él sabía que su destino ya estaba marcado. La cicuta fue bebida por el filósofo y en sus últimos momentos -denominado fedón- pronunció una frase que quedaría fresca en las paredes de la eternidad “Critón, debemos un gallo a Esculapio, no te olvides de pagar esa deuda”.