Vendría en patera.
Nadie se enteraría.
Quién sabe... Quizá ya haya regresado.
Tal vez alguna fotógrafa haya ganado un prestigioso galardón internacional inmortalizando (con perdón) la imagen de su cuerpo tirado en la playa o la carretera.
Si fuera un primer plano, me queda la duda de si apreciaríamos la mueca de sufrimiento extremo de la imaginería al uso, o bien esa sonrisilla beatífica en que se centrifugarían derretiditos los pecados de cualquiera.
Si Jesucristo volviera, yo no sería su escudero (no me va el rollo ese de la servidumbre).
Aunque buen caballero era... o eso dicen.