Scroll infinito

Ya lo habían visto varios psicólogos.
El niño parecía feliz. Pero esa manera ausente de mirar, ese extrañamiento perenne... como si no se sintiera parte de este mundo. Podía pasar horas sin hacer nada, sin hablar con nadie, aparentemente a salvo, sin embargo, del más mínimo resquicio de aburrimiento.
Terminó por llevarlo a un psiquiatra infantil.
-Su hijo padece el síndrome del scroll infinito.
-No puede ser, doctor. Si apenas toca el móvil.
-No lo necesita. Su mente es una riada torrencial de ideas, en cascada inagotable.
Y le encanta.