¿Sales a jugar? o No creo en el tiempo

Tocan en la puerta.
Es un amigo de la infancia, al que hace más de treinta años que no ha visto.
-¿Sales a jugar o qué?
Salen a la calle. Usan unas piedras a modo de porterias y empiezan a jugar.
Sus movimientos son algo torpes, pero conservan los automatismos de entonces.
No hablan. Solo juegan y forcejean en competencia y complicidad.
Después de un par de horas deciden terminar el partido.
-Nos vemos.
Y vuelta a casa.