Ya sé que es un tópico, pero nos vendría muy bien disponer de un manualito de instrucciones para esto de la vida. O, como mínimo, un listado de preguntas frecuentes (FAQ). Es raro que el fabricante "olvidara" incluirlo dentro del envase.
A lo mejor hay que escanear un código QR o algo parecido. ¿Quién sabe? Puede que esté codificado con algún lenguaje específico que nosotros no logramos comprender, o no tenemos el hardware adecuado para procesarlo. Quizá esas curiosas formas que dibujan las nubes, o los patrones fractales que observamos, por ejemplo, en las mariposas, muestran claramente, a plena luz del día, esas respuestas que buscamos. Pero claro, entonces nos estaríamos dejando arrastrar por meras especulaciones. Entraríamos en el juego de lo que solemos llamar pensamiento mágico.
Dicen que el pensamiento mágico fue una etapa en la evolución del pensamiento humano, que lo es en el proceso de desarrollo del niño, pero que tarde o temprano se supera. Sin embargo, todavía quedan pueblos y culturas en nuestro planeta que conservan este tipo de pensamiento. Y la mayoría de religiones (sagradas o laicas) maman y procrean a sus pechos.
El pensamiento mágico es un pecado socialmente consentido. Es el primo de Zumosol ex machina, el bálsamo sintético de Fierabrás con bífidus y sin azúcar añadido, el becario hechicero de guardia del que nos permitimos echar mano para enjugar, al menos temporalmente, nuestra impotencia cuando nos topamos con algo que no sabemos explicar: Dios, el alma, la muerte, la inflación...
Se supone que todo aquello que sí ha podido quedar certificado bajo la férula de la ciencia ya no es "mágico". El sol ya no es un dios, sino un cuerpo celeste, con determinada composición química, temperatura, diámetro...
Teniendo en cuenta que el sello de copyright de la ciencia apenas rodea un pequeño porcentaje de todo lo que existe, ¿por qué dar por indubitable su veracidad? En efecto, sus explicaciones, bien fundadas, han alcanzado una fuerte estabilidad que las hace colectivamente aceptadas. Pero no necesariamente hacen que se pierda el carácter mágico de base.
A mi modo de ver, o todo es mágico, porque siempre nos quedará la duda de si estamos en lo cierto, al no terminar de entenderlo todo en su conjunto; o nada es mágico, porque, tarde o temprano, la ciencia terminará por zamparse la parte de la tarta que todavía no hemos conseguido explicar.
Y, si te soy sincero, confieso que aunque la ciencia lograra describir pormenorizadamente hasta el más mínimo detalle el funcionamiento de la realidad, para mí el universo, el mundo, la vida... seguirían siendo mágicos.