Mindundi es un personaje que nunca llegué a crear.
No me atrevo a considerarlo siquiera un personaje sin cuento, porque es que no termina de cuajar, no hay modo de darle forma.
Cada vez que lo amaso, aprieto y a aprieto hasta que ya no se me distingue la masa de los propios dedos, para no llegar a nada. Esa es su principal cualidad, no ser nada especial, masa dentro de la masa, pasta de mediocridad. Un nowhere man, un antropoide que se alimenta, pasa el rato viendo la tele, sale a caminar de vez en cuando y poco más.
Mindundi desprecia cualquier asomo de mariposeo intelectual. Es lo que llamaríamos un hombre sólido, una amalgma de tierra y piedras cuyo escepticismo radical le impide llevarse a la boca y mucho menos masticar todo aquello que no pueda ver y tocar, aquí y ahora.
No logro limpiármelo de las manos. Lo pone todo perdido, pringa todo lo que escribo. Así que en esto mismo que estás leyendo es más que posible que notes trazas de Mindundi, con su inconfundible regusto y tufillo a persona común.
No te preocupes, no es indigesto, no tiene mala intención. Se pirra por ser excretado.