Que yo sepa, todavía no se ha estudiado científicamente como se merece a este grupo humano.
Desengáñate. Olvídate de toda esa sesuda bibliografía antropológica. A la hora de la verdad, en el mundo real, en todos los órdenes de la vida, en el día a día, a una escala mayor o menor, hay básicamente dos tipos de personas: las que son guais y las que no son guais.
Aunque pongas todo tu empeño, nadie puede inhibirse del meneo (con aires de terremoto) de este tamiz social tácitamente asimilado.
Me dirás que la noción de "guay" es bastante ambigua, que es relativa en función del ámbito y la situación en la que nos encontremos.
De acuerdo. Pero aunque no sepas muy bien cómo expresarlo, reconoce que en cada caso particular sí que somos capaces de llegar a un consenso intersubjetivo de lo que significa ser "guay", y, sobre todo, te preocupa calibrar hasta qué punto el círculo de ese virtuoso conjunto también te incluye a ti.
Y es que, aunque rara vez lo admitirán, a los que no son guais les gustaría ser guais.
No seas malpensado. Mi propósito no es demonizar a los guais (pobrecitos), ni denunciar la injusticia de estas aparentemente arbitrarias discriminaciones. No comprendo que pueda suceder nada que no sea natural, y para mí natural y justo son sinónimos.
Qué le vamos a hacer. Nuestro desarrollo cognitivo de momento no nos da para más. Será que somos un poco cortitos... o larguitos; en cualquier caso, condenados a acostarnos en la cama de Procusto.