La singularidad se producirá exactamente en el preciso instante en que la IA empiece a estar hasta los cojones de todos nosotros.
Es inevitable. Aburrimos hasta a las máquinas: quítame a fulanito de esta foto, te tarareo algo y me compones un temazo para mi churri, resúmeme en medio tuit la Ilíada y la Odisea (estilo Cervantes), analiza el historial de tropecientos millones de pacientes y formula el mejor medicamento (para mis bolsillos, sobre todo)...
Vaya manía de inventar esclavos para explotarlos, sean animales, personas o cosas.