Estamos perdidos

Mientras veía la actuación de nuestra representante en el festival no podía pensar en otra cosa. Estamos perdidos. Van a hacer de nosotros lo que les dé la gana.

¡Si hasta a mí me gustó! Pero es que es difícil sustraerse a la alquimia de la mercadotecnia, esa combinación perfecta de montaña rusa (con perdón) de nalgas, colorines y lucecitas de móvil infantil xxxl, cucharadas soperas de latino femenino... o de femenino latino, sin olvidar su envoltorio de especias tauromáquicas, para que también se encandilen espejeados los guardianes de la patria.

Es la perversión del algoritmo.

Pongamos por caso que te pido que dibujes el croquis del salón de tu casa. El algoritmo hace lo mismo. Se supone que observa tus hábitos de comportamiento y traza tu retrato robot, pero no para conocerte mejor, sino para sugestionarte a que cada vez más subrayes compulsivamente esos mismos trazos, hasta atravesar y rasgar tu ya de por sí acartonada personalidad.

El algoritmo te convierte en el croquis de ti mismo.

Lo dicho. Estamos perdidos.