Llamarlo encontrador (o encontradora, como prefieras) no deja de ser una forma de hablar (todo lo que decimos es una forma de hablar).
A nosotros, buscadores empedernidos, nos sorprende el hecho de que simplemente se pueda encontrar, como el hidrógeno y el oxígeno se encuentran.
Cuando se produce el encuentro, a veces ”pasan cosas” y otras no (¡¿¿¿????!); en cualquier caso, tenemos la manía de ponerle palabras. Eso al encontrador le trae sin cuidado. Es anterior y ajeno a las palabras, incluso a la palabra “encontrador”, “encontrar” o la palabra “palabra”.
Eso que se ahorra. Me incomoda el lenguaje porque no lo puedo dominar, al tiempo que lo siento castrante, insuficiente.
Y sin embargo, aquí nos tienes. El encontrador nos ha encontrado en estas lineas que escribo, aunque nunca las leas.
Nada extraordinario. El encontrador viene encontrando continuamente, desde el hueco en blanco de antes hacia la nada que sigue.