No echaba de menos viajar,
hasta que le preguntaron que dónde había ido de vacaciones.
No echaba de menos el amor,
hasta que le preguntaron que cuántos hijos tenía.
No echaba de menos el reconocimiento y la fama,
hasta que le preguntaron qué había publicado.
No echaba de menos una pasión,
hasta que le preguntaron qué era aquello sin lo que no sería capaz de vivir.
No echaba de menos la compañía,
hasta que le preguntaron quién era su mejor amigo.
Ahora echaba de menos
echar de más.