Libertad

Observar la naturaleza en su desenfrenada libertad es uno de mis pasatiempos favoritos. Claro está, viviendo en los suburbios la “naturaleza” a la cual estoy expuesta puede que no suscite tanta impresión o alabanza como los esquejes más apartados de la misma, pero aun así consigo quedar absorta en presencia de los pocos atisbos que tengo a esta naturaleza libre que idealizo tanto.

No se ven muchos –a decir verdad, no se ve ninguno- animales salvajes en mis vecindades; las pocas especies que aquí habitan, que no han sido traídas por el propio hombre en cualidad de mascotas, han ido adaptándose a la vida rodeada de humanos de una forma u otra: las ardillas le piden comida a los transeúntes, y los pájaros viven anclados a las mismas ventanas de siempre. Sin embargo, este acondicionamiento en dichas criaturas no hace sino generarme aún más intriga de la que me generaría su comportamiento esperado.

Es un mundo fascinante.